domingo, 12 de diciembre de 2010

LA REALIDAD AMANECE

La realidad amanece

a la noche queda,

sin luna,

el sueño respira sentido,

alumbrando espejos turgentes,

abre los ojos apagados,

tristes, tristes.

Y lleva en el amargor,

y llora y se lamenta

de la esperanza perdida.

Y agrega valor al día,

reduce la naturaleza a las caricias

que tienen sed,

haz de tormenta,

lluvia espesa en mis cejas…

Remo, remo en tus ojos de la noche sin luna

y comienzo el letargo

de tu boca.


Las puertas cerradas

conmueven el tímido viento otoñal

que penetra por la rendija de mis labios,

acallando mi mirada

en un filtro lamento

entre las grietas de la fina lluvia,

lacerante,

perpleja e inhumana.


La realidad se atrinchera

a la luz de las estrellas

y aparece por sorpresa…

¿Por sorpresa?

Sin sorpresas

hasta el canto del gallo

de vida,

del ensueño lívido

al calor de su voz

y la sonrisa.


Y en el hogar se calienta

sola,

la sopa sin hierbabuena,

sopa de pan duro

y algo de carne rala.

Porque añoro la verde hierbabuena,

su olor,

su aroma de amor,

su perfume de mujer.

Y mi olfato se pierde

entre las rejas de otros olores

en un solo de guitarra…

lamentándose…

Porque ya no tiene

corazón

de poeta

la vida sin su verdor

y todo permanece a oscuras

abrazado a la almohada,

asomado a las rendijas

de sus ojos,

atilados, sosegados y secos

de llanto,

al falso calor de

sus ojos trémulos,

pausados.


Y la hierbabuena

ya no calma mi sed,

desaparece entre las nubes,

su esperanza

y su lamento,

alameda de colores,

trizas,

angustia

a pies desnudos,

a margaritas…

Porque ya no poseo tus nimias riquezas

sino el espanto de la nada…

ermitaño.

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